Los disturbios se concentraron principalmente en zonas urbanas donde cientos de personas se congregaron luego del encuentro. En algunos sectores hubo quema de contenedores de basura, lanzamiento de objetos contra los efectivos de seguridad y rotura de vidrieras, lo que obligó a un amplio despliegue policial para intentar controlar la situación.
Las fuerzas de seguridad respondieron con vehículos antidisturbios y otras medidas para dispersar a los grupos más violentos. Como consecuencia de los enfrentamientos, varias personas fueron detenidas y las autoridades iniciaron investigaciones para identificar a otros involucrados en los hechos.
Los incidentes se produjeron poco después de que Marruecos sellara su clasificación a los octavos de final al imponerse por 3-2 en la definición por penales, luego de igualar 1-1 durante los 120 minutos de juego. La derrota significó un duro golpe para la selección neerlandesa, que llegaba como una de las candidatas a avanzar en el torneo.
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